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La UFI Nº 20 de Quilmes parece avalar el circuito constante de los narcos en Bernal Oeste

Pese a ser investigada y detenida con 150 gramos de cocaína, armas, balanzas y dinero en efectivo, Micaela J. recuperó su libertad en cuestión de días.

Horas después de salir de su corta detención,  fue sorprendida nuevamente con 72 gramos de clorhidrato de cocaína y más de 78.000 pesos. La fiscal María Clarisa Antonini (FOTO);  a cargo de la UFI Nº20 de Quilmes,  optó por imputarla por “tenencia simple”  (un delito excarcelable) y la dejó volver a la calle para que siga delinquiendo

Fuentes policiales confirmaron a este medio el alarmante caso de reiteración delictiva que expone la fragilidad del sistema judicial y la constante negligencia de los titulares de la UFI N° 20 de Quilmes, – especializada en drogas- que ya ha tenido otros casos similares por los cuales ha habido sospechas de corrupción y hasta una investigación de la Fiscalía General luego de una investigción llevada adelante por este medio que implicó el relevo de todas las autoridades de la delegación local de la Dirección de Trafico de Drogas Ilícitas (TDI) (ver https://quilmesahora.com.ar/2022/05/15/detectives-de-la-tdi-de-quilmes-y-funcionarios-judiciales-acusados-de-colocar-droga-y-armar-causas-para-extorsionar/ )

El pasado 18 de mayo, en el marco de una investigación por venta ilegal de estupefacientes bajo la modalidad de “menudeo”, efectivos de la Policía Bonaerense realizaron tres allanamientos en Bernal Oeste. En uno de los domicilios –ubicado en calle Bermejo N° 5.021– detuvieron a la sindicada, Micaela J. (29), a quien se le secuestraron 46 envoltorios de marihuana (49,3 gramos), 110.000  pesos en efectivo y dos teléfonos celulares. En otra vivienda de la misma zona, los investigadores hallaron 169 envoltorios de cocaína (150 gramos), un revólver calibre 38, una pistola calibre 22, dos balanzas de precisión, municiones de distintos calibres, un chaleco antibalas y anotaciones contables típicas del narcomenudeo.

En total, fueron detenidos  tres hombres y cuatro mujeres, entre ellas Micaela J. quien -según las pesquisas.  operaba como una de las jefas de la banda. Todos fueron puestos a disposición de la UFI Nº 20.

Sin embargo, en un giro que sorprendió -incluso a los propios investigadores-  a los pocos días la detenida recuperó la libertad. Fuentes consultadas indicaron que, pese a la magnitud de lo incautado a la banda criminal, la fiscalía no solicitó la prisión preventiva ni impulsó una imputación acorde a la peligrosidad de la delincuente.

El mismo día de su liberación –según pudo reconstruir este medio– Micaela J.  volvió a instalarse en la vía pública para comercializar estupefacientes.

Fue así que el 26 de mayo, personal del Comando de Patrullas de Quilmes la interceptó en la intersección de Calle 175 y Neuquén, en Bernal Oeste.

La mujer se encontraba acompañada de un hombre identificado como Kevin C. (23), quien intentó escapar al notar la presencia policial. Al ser requisados, el masculino confesó que le había “comprado la droga” a Micaela, y portaba un envoltorio con 3,67 gramos de cocaína. Ella, por su parte, llevaba en su mochila un trozo compacto de 72,21 gramos de cocaína y 78.900 pesos en efectivo.

Nuevamente fue detenida y trasladada a la Comisaría 7ª de Quilmes donde quedó alojada. Todo el procedimiento fue comunicado a la dicha UFI,  la encargada de abordar los delitos relacionados con la droga.

Contra todo pronóstico, y pese a que se trataba de la segunda detención en menos de diez días por el mismo delito, con volúmenes de droga claramente orientados a la comercialización, la fiscalía a cargo de la doctora  Antonini y el doctor Gustavo Araoz resolvió imputar a Micaela J. únicamente por “tenencia ilegal de estupefacientes para consumo personal”, una figura que por ley es excarcelable.

De esta manera, la mujer volvió a quedar en libertad en cuestión de horas. “Es un mensaje terrible para la comunidad. La policía hace el trabajo, detiene a la misma persona con droga, armas y dinero, pero la Justicia la suelta una y otra vez. Esto es un fracaso del sistema”, lamentó un alto jefe policial consultado por este medio, que pidió reserva de su identidad.

Vecinos de la zona, que prefirieron no dar sus nombres por temor a represalias, aseguraron que Jaquet seguía operando “a la vista de todos” incluso después del primer allanamiento. “La agarran, la llevan, y al otro día está otra vez en la esquina vendiendo. ¿Hasta cuándo?”, se preguntó un frentista, que también recordó una situación similar ocurrida el 4 de marzo en Los Andes 5074 del barrio IAPI donde en un operativo autorizado por la UFI Nº 20; detuvieron a Gustavo Ramírez (alias Pato) y a su hijo Lucas, incautando importantes cantidades de droga, dinero, balnza de precisión y hasta un arma ilegal.

Hace menos de un mes los Ramirez recuperaron su libertad y volvieron a habitar en ese mismo domicilio, donde miran con recelo a los vecinos a quienes acusan veladamente de haberlos denunciado

Lo ocurrido con Micaela J. no es un hecho aislado, sino la fotografía de un sistema judicial que parece funcionar en piloto automático: fiscales que no leen las causas, jueces que excarcelan.

Según rumores (que seguramente deben ser infundados) hay abogados penalistas de estrecha relación con la fiscal y su ayudante. Abogados a los que seguramente ni Micalela J ni los Ramirez pueden pagar, y que seguramente patrocinan a los jefes de las bandas. Ni Antonini ni Araoz  suelen interesarse por averiguar a quien esconden.

Mientras tanto, en los barrios, los vecinos miran con impotencia cómo la misma mujer que ayer vendía droga a media cuadra de la escuela hoy vuelve a ocupar la misma esquina.

La ley está, las pruebas también, la policía hace su trabajo. Pero algo falla antes de que termine el expediente. Y ese algo, por ahora, no tiene nombre.