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¿Nadie le pone el cascabel a El Bosque?

Todos los sábados por la noche se repite la misma “canzonetta”, aunque en realidad es un interminable “chan, chan, chan” de algo que ahora se llama música y en realidad no es otra cosa que un insoportable ruido a latas.

Pero la intención no es juzgar qué le gusta o no a quienes concurren al bailable “El Bosque” en Quilmes Oeste, sino lo que no le gusta a miles de vecinos que viven (ese día no pueden) a 10 o 15 cuadras del bailable: la estridencia del sonido que se propaga y que supera o duplica los 90 decibeles en la escala A autorizados por la legislación argentina.

Se supone que la Municipalidad de Quilmes a través de la Agencia de Fiscalización y Control tiene inspectores y equipamiento técnico para llevar adelante el trabajo de hacer cumplir la reglamentación y sancionar a los millonarios propietarios del boliche por violarla.

Pero nada de eso se hace. O tal vez los inspectores del área han sido incorporados a la planta municipal a través de la Ley que establece un cupo para personas con discapacidad y son sordos.

Porque de otra manera es imposible no darse cuenta a 5 o 6 cuadras de distancia que los 90 decibeles se superan ampliamente.

Tampoco se observa a las 5 de la madrugada, cuando cesa la actividad del bailable; inspectores de tránsito y/o efectivos de la Policía Local o Bonaerense realizando controles de alcoholemia a quienes salen del estacionamiento o dejan estacionados los vehículos en las afueras del establecimiento, como el que realizaran en Craviotto y Calchaquí el viernes (ver nota aparte) ¿O será que en el lugar sólo se despacha agua mineral y gaseosas?

Más prudente sería pensar que hay coimas, pero es simplemente una conjetura carente de pruebas.

Lo cierto es que no se puede dormir a varias cuadras de distancia, y que los vecinos que trabajan de lunes a viernes –o a veces hasta los sábados- no tienen derecho a descansar porque los inescrupulosos propietarios suben el volumen de los parlantes a un nivel que aturde a la gente de los alrededores; sin que nadie les ponga el cascabel. En Quilmes hay otros bailables. Por suerte muchos de los ilegales donde durante el gobierno de Francisco “Ali Barbá” Gutiérrez mataron a mucha gente, ya no existen más. Pero los que se han montado no generan ruido, y los vecinos de los barrios aledaños sólo se quejan porque quienes concurren estacionan automóviles en los garajes.